dias de

#mujeresquesonhistoria: Beatriz Galindo “La latina”

5 Septiembre, 2016

Si me seguís por facebook sabréis que la decisión de PlanetadeAgostini y Playmobil de no sacar ni un personaje histórico en su coleccionable me sentó como una patada en la bisectriz. Y no he sido la única, así que desde Madresfera tocan a rebato con este carnaval de posts para destacar a tantas y tantas mujeres que han sido hitos en la historia y pretenden que pasen sin pena ni gloria. Aquí mi humilde aportación:

Seguro que, si vives en o visitas Madrid,  millones de veces te has bajado en la parada de metro de La Latina, para ir al Rastro, para ir de tapas o para ir al teatro del mismo nombre.

6418860803_623b310988_o

Pero ¿sabes a qué se debe el nombre de “la latina”? En la época que vivimos en ese barrio investigué y esto es lo que encontré:

Beatriz Galindo, conocida como La latina, nació hacia 1465 en Salamanca. Sus padres provenían de linaje hidalgo, aunque venido a menos,lo que no les impidió sostener una numerosa prole de la que la pequeña Beatriz, por sus dotes, fue elegida para la vida conventual y formarse en la materia de traducción del latín.

Muy pronto destacó por su inteligencia, lo que la permitió entrar en las aulas de la célebre universidad salmantina, un lugar donde impartían clases magistrales reputados intelectuales como Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática castellana y que, muy posiblemente, se convirtió en mentor de la brillante joven.

Con 16 años ya gozaba de prestigio suficiente para ser reconocida como una consumada especialista en textos clásicos, y en ese sentido, su autor predilecto siempre fue el griego Aristóteles, filósofo del que se convirtió en experta.

En 1486, la reina Isabel I de Castilla se fijó en ella mientras buscaba preceptores para la educación de sus hijos y solicitó que la joven se trasladase a la corte con el propósito de formar parte de un selecto grupo de damas sabias que asesoraba a la monarca católica en diferentes cuestiones relacionadas con la cultura.

Mucho se ha especulado sobre el papel real que jugó La Latina (conocida así por sus coetáneos) junto a la soberana. Parece poco probable que se le otorgase el rango de maestra o de camarera de la reina, tal y como se escribió durante siglos. Lo más seguro es que doña Beatriz fuese institutriz de las infantas Juana, María, Isabel y Catalina, además de una de las consejeras más cercanas a la reina, asesorándola siempre que era requerida. No en vano, Isabel I la consideraba una fiel amiga además de compañera devota.

En diciembre de 1491 se casó, a instancias de los Reyes Católicos, con el oficial de artillería Francisco Ramírez, un madrileño mayor y viudo con cinco hijos a su cargo. El Artillero, como así era llamado en los ambientes palaciegos, era un hombre de confianza de los monarcas, a los que había servido en sus guerras contra Portugal y Granada.

A su lado, Beatriz compartió casi 10 años de felicidad en los que vinieron al mundo dos hijos: Fernán y Nuflo, si bien ella quiso por igual a los vástagos aportados por su marido, el cual falleció en 1501 combatiendo a los musulmanes rebeldes de Las Alpujarras. Por su parte, Beatriz, en su nuevo estado de viuda, permaneció al servicio de Isabel I hasta la muerte de la soberana, acontecida en noviembre de 1504.

Según se cuenta, acompañó al cadáver de su señora durante un mes en el trasiego hacia Granada, lugar donde quedó sepultada. Después inició un progresivo retiro de la corte para dedicarse, por completo, a la fundación de instituciones benéficas, como el Hospital de Pobres en Madrid ( situado en la calle Toledo, hoy desaparecido) o conventos concepcionistas de franciscanas y jerónimas (de éstas últimas tomaría los hábitos mitigados), sin perder de vista los acontecimientos políticos y sociales del país, en los que se implicó desde su reconocida popularidad.

En sus años finales soportó con amargura la muerte de sus hijos, quedando como único consuelo de su existencia las obras de caridad y el amor de su nieta Beatriz. El legado cultural de La Latina se reduce a un par de cartas en latín y algunos versos, además de un impecable testamento redactado por su pluma, en el que expresaba el deseo de repartir su fortuna entre los pobres.

Falleció en Madrid, el 23 de noviembre de 1534, con el reconocimiento de la época que la acogió.

No es de extrañar que, algunos años más tarde, todavía la fama de La Latina resonase en la actividad literaria de otro madrileño de postín, Lope de Vega, quien dedicó la silva V de su Laurel de Apolo a Beatriz Galindo, erudita salmantina y madrileña de adopción, a modo de merecido homenaje a una de las más destacadas humanistas del solar hispano:

Como aquella Latina
que apenas nuestra vista determina
si fue mujer o inteligencia pura,
docta con hermosura
y santa en lo difícil de la corte;
mas, ¿qué no hará quien tiene a Dios por norte?

Fuentes:

Jose Luis Cebrián; Mcn Biografías;

 

 

 

También te puede gustar

Sin comentarios

Dejar un mensaje

A %d blogueros les gusta esto: