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Copenhague con niños (buscando el hygge) II

1 Junio, 2017

Por fin salimos a las calles tras soltar bártulos y convencer a Piticli de llevarse “solo” un legotrasto de paseo. Como os dijimos nos situamos en Norrebro, un barrio multicultural y de estudiantes, con mucha oferta gastronómica (en el bajo de “nuestra casa” había ¡un bar de pintxos español!) y mucho ambiente.

Como ya había sido un día bastante ajetreado decidimos dar una vuelta de reconocimiento y tomar algo fresquito, porque increíblemente hacía un sol que parecía que habíamos aterrizado en Cádiz en vez de en Dinamarca. Se nos olvidó que en otros países si está permitido tomarte una cerveza libremente por la calle y nos sentamos en una terraza en la que nos clavaron un poquito, pero la verdad nos supo a gloria, hacía mucho calor.

 

Aquí Pitufona empezó a avisarnos de lo que iba a ser la tónica del viaje: perseguirla. Se ha soltado a andar y lo ha hecho por la puerta grande, ni quiere carro, ni quiere mochila, ni quiere brazos…ella es libre como el sol cuando amanece.

Hicimos un pequeño avance por la calle principal (Stroget, la calle peatonal más larga de Europa) pero decidimos dejarlo para más adelante y retirarnos al lago que había al lado de casa. El increíble buen tiempo que hacía propiciaba que todo estuviese lleno de gente, y la orilla del lago no era una excepción, grupos de personas haciendo picnic (cubiteras y copas de cristal incluídas) pasaban el rato al aire libre. Nos relajamos un poquito antes de volver al apartamento. Esto está al lado de  Nørrebrogade, la calle que atraviesa la zona por completo.

Tras un rato de juego, cenas y demás, nos preparamos para ir a la cama porque al día siguiente tocaba un plato fuerte:

Tívoli 

El Tívoli es el segundo parque de atracciones más antiguo de Dinamarca (1843), por lo que no esperéis un parque de atracciones al estilo moderno. Las expectativas que llevábamos se cumplieron con creces, es precioso, divertido y variado. Sacamos las entradas online para evitar las colas, los peques por la edad no pagaban entrada. Una vez dentro podéis elegir entre comprar pulsera que os da paso libre a todas las atracciones las veces que quieras o por tickets (hay atracciones que son dos tickets, otras uno…). Nada más traspasar la entrada y ver todo aquello y la cara de Piticli supimos que no se iba a conformar con subir en un cacharrito sólo, así que nos decidimos por las pulseras. Aquí surgió un problema, el niño tiene que subir con alguien porque no cumple el requisito de altura.

O sea que compramos otra pulsera más, alguien tenía que quedarse siempre con Pitufona y otro subir con Piticli. La solución nos la dio uno de los responsables de la primera atracción, colocó a Piticli las dos pulseras y así nos pudimos ir turnando para subir con él. ¡Genial!

En el Tívoli dejan entrar todo tipo de comida y bebida, aunque dentro hay muchísima oferta en cuanto a gastronomía (desde perritos o dulces hasta comida japonesa). Recomiendo ir a primera hora, las once, porque en las primeras horas apenas hay colas y se está superagusto, hacia las tres de la tarde empieza a llenarse y ya se hace más pesado. Es perfectamente accesible para el carrito y hay baños con cambiadores si hace falta, es un sitio totalmente familiar y como tal está adaptado.

Lo que en los planes iba a ser una visita de una mañana se alargó hasta la tarde, lo estábamos pasando bomba. Cuando ya vimos que el nivel de cansancio y la aglomeración de gente empezaba a ser pesado decidimos irnos.

Parada en el supermercado para aprovisionamiento, madre mía, el danés es muy complicado, teniáis que verme hasta que encontré lo que creía era leche entera (acerté) y  un pequeño paseo por el lago. De vuelta al apartamento para cenar divisamos una pizzería que tenía mucho éxito en el barrio a juzgar por la afluencia y decidimos pedir una para llevar. Yo me quedé a esperar mi turno mientras Papi Malkovich llevaba a los peques a casa. Para la espera en muchos restaurantes te dan esto:

Efectivamente, es un busca que te avisa cuando tu pedido está listo. Tras una larga espera, llegué con mi pizza calentita esperando niños dormidos tras un día tan ajetreado y una cena tranquila para dos. Eeeeerrooooor. Aún seguían dándolo todo.

Así que tras mucho, pero mucho esfuerzo, conseguimos dormirlos y nosotros cenar la pizza recalentada, una lástima. Agotados del día nos vamos a la cama.

Mañana toca visita a la ciudad.

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3 Comentarios

  • Responder Mis chic@s y yo 27 Junio, 2017 al 6:26 pm

    Ya os imagino por Copenhage con Pitufona correteando por su cuenta. Tiene e se r precioso y si encima hizo calorcito mejor que mejor!! menuara aventura con la pizza yo algo parecido al busca lo he visto en algún Mcdonals que con el busca te traen el pedido a la mesa cuando está listo 🙂 Bss

  • Responder Judit 1 Junio, 2017 al 1:08 pm

    Le tengo muchas ganas a Copenhagen así que me marco tu post… a ver cuando podemos… El viaje de este año a Lisboa al final quedó suspendido (esperemos que el año que viene sí) así que se me acumulan. En verano nos vamos a Lanzarote sí o sí
    Un saludo

    • Responder lasonrisadespeinada 1 Junio, 2017 al 1:23 pm

      Habrá más entregas, no te las pierdas ;-), mira en Lanzarote no he estado, yo también me lo apunto

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